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Corabastos funciona como una ciudad intermedia. Por sus calles transitan 10 mil vehículos y entre sus 34 bodegas, que funcionan como barriadas, también se mueve el comercio de armas, la prostitución, los juegos de azar, la mendicidad, las apuestas millonarias, las bandas de delincuentes, el comercio de lo inimaginable, y entre negocio y negocio, se desocupan 'petacos' de cerveza, platos de sopas de pajarilla y caldo de raíz. A Corabastos llega un ejército de habitantes de las lomas de la ciudad, muchos de ellos expulsados de sus tierras por paramilitares y guerrilleros. Antes de las tres de la mañana se apretujan en carros destartalados que bajan de Usme, San Cristóbal, Ciudad Bolívar y Cazucá, en el vecino municipio de Soacha. A veces se empujan un aguardiente antes de echarse el primer bulto a la espalda. En este lugar también se surten los propietarios de las 110 mil tiendas de barrio de Bogotá y de ahí sale la materia básica para los festivales gastronómicos de 897 restaurantes y de 110 hoteles de cinco o de alguna estrella, y las residencias de cinco mil pesos la noche, en el centro de la ciudad. En realidad, la capacidad hotelera de la ciudad es de diez mil camas. Muchas de ellas son ocupadas por algunos de los 6,7 millones de pasajeros que se movilizan al año en las 20 aerolíneas internacionales y 8 nacionales, cuyas rutas tocan las dos pistas del aeropuerto Eldorado. Otros llegan en alguna flota de las 80 empresas que funcionan en el Terminal de Transportes. Así arribó hace seis años José Santos Ordóñez, un chocoano al que se le agotó la suerte para buscar oro en los afluentes del Atrato y en Bogotá sólo consiguió un empleo abriendo zanjas para instalar redes de gas domiciliario en Suba. Del Terminal salen, en un día normal, 1.700 vehículos con el 50 por ciento de su capacidad. Y por los torniquetes de sus diez baterías de baños públicos cruzan, en promedio, 3.800 usuarios al día. Pagan 700 pesos y algunos dejan mensajes como este, tímido, sufrido y esperanzado: Milena: Yo sé que nunca entrarás a este lugar pero quiero que sepas que te amo. Antes de subirse a un bus, algunas prostitutas que van de paso para los pueblos de colonización viajan en taxi hasta la Plaza España, en el centro de la ciudad, a buscar ropa vaporosa en las 238 casetas de ropa usada que funcionan en ese sector desde hace 40 años. Bogotá es también el lugar de los rituales más disímiles, desde las coreografías modestas de una docena de enmascarados panzones que se azotan contra la lona en un coliseo del sur, hasta las citas para buscar la limpieza espiritual y corporal con el yagé, una planta sagrada para los indígenas y conocida como el más efectivo de los purgantes. Otro tipo de ritual este sí con muchos millones de pesos de por medio se acabó hace unos tres años con la tecnología. La puja diaria de los vociferantes compradores de acciones fue reemplazada por la fría transacción electrónica. La Bolsa de valores de Bogotá también se extinguió. En su lugar surgió la Bolsa de Valores Colombia, producto de la fusión de las bolsas de Bogotá, Medellín y Occidente. Su presidente, Augusto Acosta, un ingeniero javeriano, asegura que las transacciones que corresponden a Bogotá alcanzan los 800 mil millones de pesos, incluyendo mercado bursátil y no bursátil. La economía de Bogotá es considerada la más dinámica del país. Alcanza el 25 por ciento del Producto Interno Bruto y el 52 por ciento de la inversión extranjera se concentra en el Distrito Capital, donde tienen sede 120 de las 500 empresas multinacionales más importantes de mundo. Uno de los mercados más tradicionales de la ciudad, el del calzado, reúne el 50 por ciento de la industria nacional. 150 mil familias de curtidores de cuero, fabricantes, vendedores, lustrabotas o zapateros, viven de este negocio. Pero las cifras de la ilegalidad también son monumentales: en las manos de los bogotanos hay un millón de armas de fuego sin salvoconducto; por cada metro cuadrado construido legalmente hay otro pirata, y por cada vehículo de servicio público legal, circula otro clandestino. El vestido de Gordillo
Las muertes en accidentes de tránsito en el primer semestre de este año fueron 363 y los homicidios, 882. Algunos de estos llegan a manos de un investigador de la Dijín que para este reportaje oculta su verdadero nombre tras el de Alfredo Gordillo. El hombre tiene un solo vestido de paño que usa desde hace una década para investigar los homicidios que ocurren en los barrios elegantes del norte. Y usa varias pintas, adquiridas en San Victorino, para camuflarse en el sur. De ese sector de la ciudad sale todos los días a las, 5:30 de la mañana, Edwin Rubio, un conductor de bus de Expreso Bogotano que se gana cien pesos por cada pasajero que transporta desde la línea fronteriza de la urbe, entre Ciudad Bolívar y Altos de Cazucá, hasta el centro. Cuando le va bien marcan 300 pasajeros en el torniquete, pero por lo general debe conformarse con 25 mil pesos, con los que mantiene a su esposa y dos hijos. Siempre regresa a su casa, en el barrio Candelaria la Nueva, con dolor de cabeza, debido a las congestiones, pero a veces el asunto es más grave, como cuando dos hombres se agarraron a puñal dentro del carro y a él le tocó llevarlos al hospital de Meissen. O cuando tres jóvenes armados de revólveres lo encañonaron, hace dos meses, a las siete de la noche, y le quitaron 140 mil pesos. Sucesos como ese y los riscos que bordean la carretera en la parte alta de la ruta le impiden fijarse en la ciudad que se extiende al pie del barranco, más allá del panorámico. De noche es un manto salpicado por millones puntos luminosos que, de sur a norte, se extiende hasta donde la vista alcanza. De día es un enjambre de calles y edificios en los que se adivinan millones de historias inadvertidas y el incesante palpitar de quienes recorren sus entrañas de cemento. Miscelánea Los centros comerciales atraen cerca de 124 millones de visitantes al año. Tan solo a Unicentro llegan 25 millones de clientes en el mismo lapso. Cada año se organizan en la ciudad 275 ferias, desde eventos internacionales hasta muestras artesanales en cada localidad. En un día se adquieren 35 mil cepillos de dientes y 150 mil cuchillas de afeitar. En la ducha, los bogotanos gastan 33 toneladas de jabón de baño por día y en papel higiénico las cuentas sobrepasan los 150 millones de rollos por año. Para lavar la ropa consumen 64 mil toneladas de jabón y 40 mil toneladas de detergente en polvo. Los bogotanos consumen 290 mil antigripales por día y, desesperados por las pulgas o los zancudos, gastan 1.532 litros de insecticidas. El consumo de hamburguesas es de 850 mil por mes. La carne de cerdo es apetecida a razón de 93 mil kilos diarios y los 88.500 litros de aceite de cocina que se consumen cada día indican el gusto por los alimentos fritos. La ciudad consume 1,3 millones de metros cúbicos de agua por día. En un año, los bogotanos compran 648 millones de galones de gasolina para tanquear sus carros y gastan un promedio de 2,5 millones de llantas. Quienes viven en la periferia gastan cuatro horas 20 minutos para ir y regresar de su trabajo. 2,2 millones de 'deportistas' asisten a la ciclovía cada domingo. El sistema TransMilenio ha transportado 50 millones de pasajeros desde su entrada en funcionamiento. Por José Navia y Germán Gélvez
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